Y SI…

Aida Montoro, alumna de 2º de ESO

En la quietud de las altas horas de la noche, Giovanni penetró sigilosamente en la casa, a través de la ventana manipulada. Se paró unos segundos para comprobar que no se escuchaba nada. Reinaba el silencio, tan solo se sentía el zumbido de los coches por las calles paduanas.

Se armó de valor y dio un paso adelante. La tarima del suelo crujió y Giovanni pensó que todo estaba perdido. Pero se dio cuenta de que todo era psicológico y que si se enfocaba en que le iban a pillar, eso se haría realidad. Así que empezó a pensar positivamente y se decía a sí mismo una y otra vez: “En la habitación no habrá nadie y no me van a pillar”

Decidió inspeccionar un poco la casa antes de entrar a su antigua habitación. En primer lugar entró al salón. Era una habitación amplia pero muy recargada, con muchas velas y palos de incienso por todos los rincones. Esa casa tenía un olor específico, como a polvo camuflado con incienso.

Entró en una habitación muy grande. De repente, un pitido invadió su cabeza, pero sabía que eso solo era mental. Con el pitido dentro de su cabeza, Giovanni se dispuso a investigar ese cuarto. Había mantas blancas tapando todos los muebles. Se adentró en la oscuridad de esa habitación. Encendió una de sus velas y fue hasta el final de la estancia. Allí tapado con una gran lona blanca había un reloj de hacía siglos. Giovanni que era un chico muy curioso, se puso a inspeccionar el reloj. En él había una canica recubierta de polvo. El napolitano, llevado por la euforia del momento, empujó la canica, que cayó por un pequeño tobogán. Esta, golpeó un botón del que salió disparada una llave, que dio a Giovanni en la tripa. El napolitano salió de aquella habitación y bajó al sótano, en el que nunca había estado. Abrió la puerta que conducía a las polvorientas escaleras que conectaban con la planta baja de la casa, dio la luz, pero la parpadeante bombilla se apagó. Cuando iba por el segundo peldaño, la puerta que estaba a su espalda se cerró y un escalofrío recorrió el cuerpo de Giovanni. Enfocado en el optimismo, Giovanni pensó que tan solo era una corriente de aire. Este pensamiento positivo se esfumó cuando Giovanni notó una larga mano rozando su espalda. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, la mano le empujó tan fuerte que el chico perdió el equilibrio y cayó por las empinadas escaleras.

Se despertó en una habitación oscura y sucia, cuyo único sonido eran las gotas de agua provenientes de un tubo en el techo impactando en el suelo. Se puso en pie, aún dolorido por el golpe, y como llevado por el aire fue directo hacia una puerta cerrada con llave. Recordó la llave que encontró en el reloj y comenzó a girar la cerradura. Cuando la puerta estaba entreabierta, Giovanni le dio un empujón y se quedó atónito al ver lo que había tras la puerta. Una pila de cadáveres se encontraba delante de él. De nuevo, la puerta se cerró tras él y Giovanni quedó encerrado en aquella claustrofóbica habitación rodeado de esqueletos. No podía salir, presentía que se iba a quedar allí hasta que muriera de hambre.

Pasaron los días y Giovanni estaba empezando a enloquecer. Chocaba contra las paredes y chupaba los huesos de los muertos. Rozando la muerte, Giovanni escuchó pasos por el sótano. Empezó a gritar, pensando que esa era su última esperanza. Escuchó golpes en la puerta, finalmente, esta cayó al suelo. Giovanni se abalanzó sobre aquella sombra negra, era un policía. Habían detenido a Alessandra por asesinato. Giovanni consiguió salir de aquella pesadilla y no regresó a Padua jamás.

Anuncios